Don Ricardo Gárate Pavez (1926-2014), cantor de Aculeo
20 Oct 2014 0 Comment

Amigos y amigas
Con tristeza nos enteramos que don Ricardo Gárate Pavez, cantor a lo poeta de Aculeo, nos dejó esta mañana. Saludamos con su recuerdo a todos los poetas y cantores populares, y nos unimos al sentimiento de pesar por su partida.
Queremos compartir con ustedes una pequeña reseña biográfica y unas décimas de su autoría, ambas publicadas en el libro “Cantos a lo divino y a lo humano en Aculeo” de Juan Uribe Echevarría, que pueden consultar y descargar en:
http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-7743.html
Ricardo Gárate Pavez, hijo de Don Alfredo Gárate y doña Teresa Pavez, nació en Pintué el 26 de noviembre de 1926. De muy niño asistió a las novenas de la Cruz.
Empezó a cantar a los dieciocho años. Sus preferencias, en lo que se refiere a los cantores antiguos, están por Antonio Espinoza de quien es muy amigo, el finado Manuel Pitigroy, Floro Cerda y Pedro Santibáñez.
Su repertorio debe muchos versos a Antonio Espinoza. Ricardo Gárate es el mejor archivero de los versos de Aculeo. Dispone de un buen surtido de ordenadas libretas, que está siempre sacando en limpio.
Versos por literatura
Señores en el momento / la introducción voy a dar / un verso voy a cantar/ con alegría y contento/ pasé muy gratos momentos / en esa región que estaba / una noche que pescaba / al borde de una laguna / los rayos del sol me daban / al pie de una sepultura.
Mecía el cierzo las ramas / de gigantescas palmeras / en esas frescas riberas / de verde y mullida grama / aquel dulce panorama / el alma me saturaba / taciturno contemplaba / la naturaleza mística / en esa mansión artística / una noche que pescaba.
De aquel paraje a lo lejos / nubes de arrebol surcaban / y al horizonte se lanzaban / como fúnebres cortejos / las estrellas sus reflejos / despedían una a una / en aquella hora oportuna / emocionado y estático / admiraba a los acuáticos / al borde de una laguna.
Sobre espesos matorrales / de las agrestes montañas / se oían voces extrañas / de los hambrientos chacales / cuadrúpedos animales / las verdes yerbas pastaban / los agoreros cantaban / y como amaneció muy luego / con sus fulgores de fuego / los rayos del sol me daban.
Blancas espumas flotaban / en esos alrededores / y peces multicolores / a millares serpenteaban / los estaganos nadaban / meciéndose en blancas cunas / a veces lanzaban alguna / ferviente mirada rápida / yo inmóvil como una lápida / al pie de una sepultura.
Por último vide un molusco / fuera de su caracol / y por reflejos del sol / que parecía un crepúsculo / aquel reluciente músculo / a buen tesón se movía / pero su brillo pedía / por la densidad del viento / y como no halló cimiento / finalizó con el día.









