Matecito, archivo de saberes orales

11 Jan 2012 0 Comment

by ALOTP

MatecitoHoy estamos de fiesta!, por fin inaguramos este espacio de reflexión e intercambio, que esperamos compartan con nosotros desde ahora. Queremos comenzar con unas palabras de Micaela Navarrete, creadora y actual curadora de nuestro Archivo y que da cuenta de lo que somos y queremos ser...de nuestros pensamientos y sueños en torno a la oralidad y patrimonio inmaterial.


 


Hoy día, cuando se cree y se insiste, muchas veces en forma majadera, en que el acceso a la cultura sólo sucede en el encuentro con el libro o con la internet, se está discriminando sin miramientos a quienes no leen o no ven  y a los que viven a kilómetros de una biblioteca.


La verdad es que todavía a  en nuestro país tenemos analfabetos y mucha gente que vive en lugares remotos, lejos de los centros urbanos, donde supuestamente  la vida es más civilizada..


Entonces, habría que suponer que esas personas son ignorantes, que no tienen sus propios saberes?  Sería desconocer que todos, antes de ser “letrados” nos alimentamos con los saberes orales heredados de nuestros mayores.


Gabriela Mistral nos dice:  “La primera lectura de los niños, sea aquella que se aproxima lo más  posible al relato oral, del que vienen saliendo, es decir de los cuentos de las viejas y los sucedidos locales… Se trata del momento en que el niño pasa de las rodillas mujeriles al seco banco escolar, y cualquier alimento que se le allegue debe llevar el color y el olor de aquellas leches de anteayer” ( )


Verdad inmensa es que el libro y los medios electrónicos ayudan a profundizar el conocimiento, pero, son sólo instrumentos, muy eficientes, a las que no hay que atribuirles más poder que el que tienen. Sin olvidar que la oralidad es la base de la escritura y hasta hoy está vigente, no pasa de moda… Lo que hace falta es prestar oído a esa voz, a esos saberes y, luego, está en nuestras manos llevarlos al libro u otro medio que permita aprovechar ese “nutriente” que a veces ni sabemos cuánto lo necesitamos.


Nuestra historia oficial escrita está plagada de conquistas y dimanaciones, de próceres y batallas, personajes ilustres en sus textos e ilustraciones. Pero siempre está contada o protagonizada por “gente importante” y letrada. No hay oídos para la gente sencilla que también hace la historia.


No se le da la palabra.  Cuando se aborda la literatura chilena no se considera la rica literatura oral y cuando se habla del  patrimonio inmaterial de un pueblo, no tiene el mismo status de las bellas artes, del patrimonio monumental de las grandes obras literarias.


El problema no radica en una falta de fuentes orales, es más bien el recelo de  muchos autores y académicos a interactuar los saberes  populares. Así podríamos aspirar a un conocimiento más profundo de las historia de nuestros pueblos.  “Latinoamérica se hace incomprensible desde el purismo cientificista del proyecto moderno basado en dicotomías tales como “lo culto” y “lo popular”, la “tradición” y la “modernización”. Este pensamiento ha contribuido a oscurecer la comprensión de nuestra cultura” (…García Canclini)


Entonces, la cultura hay que estudiarla como un todo del quehacer del hombre y de una comunidad y las tradiciones orales en las que se asientan su historia. “El patrimonio inmaterial es creado por el hombre con materiales intangibles, como la palabra, mitos, leyendas, cuentos, poesía, sonidos y música; gestos y movimientos; el acontecer simbólico; la religiosidad y sus rituales, saberes esenciales que alumbran el ser y el acontecer de una comunidad” Fidel Sepúlveda…)


Esta constatación fue lo que impulsó  la iniciativa de crear una instancia, dentro de la Biblioteca Nacional de Chile, donde tuvieran cabida los saberes ancestrales de la cultura tradicional, lo saberes de la gente mayor que se nos estaba yendo con un valioso acervo irrepetible en cada abuela o abuelo; cultores y oficios diversos, que la modernidad va haciendo desaparecer: rezadoras y santiguadoras; artesanos, músicos y cantores campesinos;  personajes populares urbanos (organilleros, afiladores de chuchillos, músicos callejeros), ovejeros, pescadores, viejos maestro rurales, sabios de la cocina y medicina tradicional.


Entonces ya desde los años ochenta se trabajó en echar a andar el Archivo de Literatura Oral  y Tradiciones Populares, formalmente funciona desde 1992. Empezamos aprendiendo a la sombra de viejos profesores e investigadores que ya se habían atrevido con la valoración a nivel académico  de los saberes orales, como don Juan Uribe Echevarría, Oreste Plath y don Fidel Sepúlveda. Especialmente con el primero de estos profesores fuimos juntos a hacer investigaciones en terreno: vigilias de Canto a lo Divino, fiestas en honor de la Virgen de la Merced en un pequeño poblado rural. Largas conversaciones sobre la urgencia de recoger las diversas expresiones de religiosidad popular, el repertorio de viejos cantores y cuequeros.


También a don Juan le debo mi interés por estudiar la literatura de cordel, que en Chile los propios poetas llamaron Lira Popular, donde ellos publicaron sus décimas desde finales del siglo XIX hasta comienzos del XX y que es la expresión impresa del cultivo de una poética que se remonta a la época del poeta español Vicente Espinel (1550-1642) y es practicada hasta  hoy día en la mayoría de los países de Iberoamérica.


Comenzamos, entonces junto con estudiar el tema, a registra encuentros de poetas populares, festividades religiosas populares, entrevistas a cantoras  campesinas. En forma simultánea se empezó a congregar en torno a la idea del Archivo un grupo de otras personas que ya llevaban realizando sus investigaciones en solitario, además de los profesores nombrados, conocimos y se nos sumaron  las estudiosas del cancionero, romancero y las variadas formas de afinación e interpretación de la guitarra entre  las cantoras y rezadoras campesinas, Gabriela Pizarro y Patricia  Chavarría. También el investigador Carlos Martínez, quien llevaba muchos años siguiendo el antiguo repertorio musical de sus antepasados campesinos. Muy importante  fue el interés y apoyo de un cura norteamericano, Ricardo Sammon, párroco de Portezuelo, un poblado de la zona central que desde 1962 estaba realizando encuentros de cantoras campesinas de su parroquia rural.


Todas estas personas ofrecieron su apoyo y donaron sus colecciones de registros sonoros que se sumaron a los que nosotros ya habíamos reunido. También ésta es una propuesta de este Archivo, ser un lugar donde investigadores que han reunido colecciones de este tipo y que ya no puedan guardarla en forma adecuada puedan depositarlas para su conservación y difusión. También estamos abiertos a recibir copia de otros fondos con materiales sonoros que puedan complementar los que ya tenemos.


Así, con el apoyo del Ministerio de Educación en 1992 el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares se echó a andar oficialmente en la Biblioteca Nacional.  Su objetivo principal, la valoración , rescate y difusión de todas las expresiones  de cultura tradicional o patrimonio inmaterial como le llamamos hoy día.  Además nos interesa ser un espacio de investigación, debate y formación en estas fuentes,  a las que hasta hace poco no se las consideraba al mismo nivel que las fuentes escritas. En todos estos años se han reunido miles de horas de grabación, de audio, además de registros fotográfico y en video. Valiosas colecciones de cuadernos manuscritos de poetas populares, de originales de cuentos enviados por los propios campesinos, además de dos valiosas colecciones de literatura de cordel que suman más de setecientos pliegos y otros impresos populares.


Pero, no nos interesa coleccionar para guardar. Es muy importante la investigación y difusión. Hemos realizado diversas exposiciones, publicaciones, ediciones de sonoras, coloquios, seminarios, conferencias, presentaciones musicales con los propios cultores. Se han organizado talleres de patrimonio local para las cada una quinientas bibliotecas públicas del país. Se reciben alumnos de varias universidades para que hagan sus prácticas académicas, asesoramos tesis, participamos en actividades conjuntas con muchas otras instituciones, participa por en congresos y cursos en el extranjero sobre el tema del patrimonio inmaterial.


Nuestro Archivo está abierto a todas las disciplinas, a todo tipo de investigadores, desde el niño que necesita algún material para sus deberes hasta escolares hasta estudiosos académicos, folkloristas o simples entusiastas de los temas que difundimos.


No ha sido fácil conseguir los recursos y profesionales para la catalogación y conservación de los materiales, pero con pequeños proyectos se va avanzando para que las colecciones estén  disponibles para nuestros usuarios. Desde un principio se han despertado muchas expectativas entre quienes conocen el Archivo, por lo tanto nos preocupa satisfacer esas demandas de la manera más óptima y oportuna.


Pero, sobretodo nos interesa contribuir a hacer conciencia de la necesidad de volver los sentidos a las pequeñas historias locales, creencias y mitos. Aprender a “leer” en ese valioso libro que es la memoria  de la gente sencilla,  de los ancianos,  de los más variados oficios. Por ejemplo el carpintero que construye casas y embarcaciones con técnicas ancestrales aprendidas de su mayores en una remota isla de Chiloé. Él es sabio  en reconocer las maderas, en qué orientación debe tener la vivienda que construye, según las características geográficas y del clima. Sabe qué árbol puede cortar y cuándo,  sin abusar de ese recurso. Ese mismo hombre, sabe las épocas de la siembra y las cosechas. Sabe relacionarse con la Naturaleza  con respeto y confianza, pero, también sabe de leyendas, cuentos, canciones, oraciones y celebra sus fiestas con la comunidad.


La rezadora que oficia los ritos de la familia. La que reza en un velorio o santigua a un niño enfermo, muchas veces es la misma cantora que da vida a las fiestas de casamientos  festejando con sus parabienes y todo el hermoso repertorio que ha heredado detrás cantoras que ya no están. La que ha cantado en velorios de angelitos y en novenas. La misma que puede ser chamantera o locera, además de ocuparse de la casa, la familia, la huerta…


Así, muchos  “sabios”, y muy sabios a quieres podemos prestar oído. De su boca hay que aprender y comprender de valiosos retazos de historia local, de su particular visión de su pueblo y  su país; de sus pesares y alegrías; de los hechos históricos que les tocó vivir. Y qué decir de el gran repertorio de relatos literarios  qué conservan aprendidos oralmente: cuentos, refranes, oraciones, juegos, adivinanzas, canciones. Cuántos secretos de la cocina familiar y de medicina casera.


Ha sido necesario que la UNESCO tome la palabra a favor del patrimonio inmaterial para que se recién se empiecen a valorar los esfuerzo de personas e instituciones que llevan  muchos años preocupados de su preservación: “…se puede definir como un conjunto de expresiones culturales y sociales que, heredadas de sus tradiciones caracterizan a las comunidades. Estas formas de patrimonio inmaterial transmitidas por la palabra  y el ejemplo de generación en generación están sometidas  a un proceso de creación colectiva , en función de su medio ambiente y de su historia ….”  (UNESCO, 2002)


 


Micaela Navarrrete
Curadora
Archivo de Literatura Oral Biblioteca Nacional
Santiago, octubre 2010.