Vasijas de cerámica, figuras de metal, líticos, conchas y textiles producían e intercambiaban los pueblos prehispánicos del norte grande de Chile.

Desde el litoral hasta el interior en Antofagasta se extendieron las amplias redes de intercambio que existieron durante el período Formativo, y de ellas queda constancia en la colección del cementerio Vertedero Municipal de Antofagasta.
El ajuar funerario se compone por objetos de producción costera local como:
También de bienes foráneos adquiridos mediante circulación o intercambio, como:
Hombres, mujeres, adultos y jóvenes consumían la misma dieta, que tenía como componentes centrales pescados y mamíferos marítimos, complementada en menor medida con "huevos de aves marinas, fauna terrestre, algas, moluscos, crustáceos, vegetales cultivados y silvestres" (Ballester y Clarot, 2014: 98).
La evaluación de isótopos estables en las osamentas reafirmó que eran 'gente de mar' y no sujetos foráneos, al comprobar que "no sólo fueron enterrados en cementerios costeros, sino que también pasaron sus últimos años viviendo en la costa" (Ballester y Clarot, 2014: 96).
Los objetos del cementerio Vertedero Municipal de Antofagasta, expresan "redes interregionales de interacción, con evidencias que testimonian indiscutiblemente las conexiones entre las poblaciones de la cuenca del salar de Atacama, el litoral del Océano Pacífico y el Noroeste argentino" (Pimentel et al., 2011: 45).
Desde momentos tempranos, el desierto de Atacama se constituyó en un espacio intervenido por una red de rutas de larga distancia para el tráfico de bienes, que conectó el litoral, ambientes de oasis y quebradas altas de la puna.
Al inicio del período Formativo estas conexiones se intensificaron y pusieron en contacto en la costa arreica a dos tradiciones complejas (Núñez y Santoro, 2011). Prueba de ello es el hallazgo de caracoles terrestres (Strophocheilus oblongus) y cebil de bosques y selvas trasandinas, y cerámica de los oasis chilenos en el ajuar del cementerio Vertedero.
En los oasis de San Pedro de Atacama se encontró cebil del noroeste argentino y conchas del Pacífico (Oliva peruviana), evidencia de "que el tráfico de bienes e ideas cubrió desde selva-costa y viceversa" (Núñez y Santoro, 2011: 504).
Las poblaciones del interior articularon su movilidad mediante caravanas; con el apoyo de recuas de llamas, a diferencia de las poblaciones litoraleñas que se desplazaban peatonalmente y sin la ayuda de animales de carga, mediante cargueros individuales (Cases et al., 2008; Pimentel et al., 2011; Torres-Rouff et al., 2012).
Sus rutas implicaban desplazamientos de hasta 250 kilómetros norte-sur por el borde marítimo y 80 kilómetros este-oeste hacia las pampas y cordillera andina (Pimentel et al., 2011; Carrasco et al., 2015), en función de puntos de intercambio como los algarrobales de Quillagua.
El traspaso de objetos y conocimientos entre costa e interior indicaría que entre ambas poblaciones las relaciones eran estables y los viajes recurrentes (Pimentel et al., 2011), por lo que configuraron un modelo interdependiente (Núñez y Santoro, 2011).
Estrategias económicas novedosas como la domesticación y especialización, y la producción de distintos niveles de acumulación por parte de las sociedades cazadoras recolectoras 'arcaicas' derivó en lo que se conoce como período Formativo (Agüero, 2013).
Comprendido entre el 1500 a.C a 1000 d.C., se caracterizó por "cambios sustanciales en la economía y organización social, con una mayor intensificación en el uso del espacio regional, aparición de los primeros enclaves de sedentarización, junto a una economía excedentaria, la introducción de nuevas tecnologías (cerámica, metalurgia) y una ampliación de las redes de interacción interregional" (Pimentel et al., 2011: 44).
El Formativo expresó elementos particulares en los distintos territorios del norte grande.
En la costa árida:
Estos productos atrajeron al litoral a los grupos caravaneros de las aldeas de los oasis del Loa y Atacama, cuyos productos de intercambio se han registrado también en túmulos funerarios en Mejillones, como la cerámica negra pulida de San Pedro de Atacama (Núñez et al., 2011; Ballester y Clarot 2014).
Así, en el interior y alta puna existió:
Tanto la vía pecuaria como la agromarítima posibilitaron concentraciones demográficas e intensificación productiva.
El litoral de la Región de Antofagasta ha expresado una continuidad en el modo de vida pescador cazador recolector asociado a la explotación y consumo de recursos marinos.
Hasta la llegada de los incas, las ocupaciones humanas en zonas como Antofagasta y Taltal "parecen haber estado caracterizadas por una mayor movilidad residencial materializada en campamentos habitacionales más transitorios y con viviendas livianas" (Andrade et al., 2014: 486).
Restos humanos recuperados de distintos contextos arqueológicos indican que tanto la dieta como las principales actividades se habrían mantenido relativamente estables desde el Arcaico Tardío hasta el Alfarero Tardío.
Enfermedades articulares degenerativas, marcadores de estrés ocupacional y evidencias de condiciones paleopatológicas metabólicas e infecciosas en las osamentas, indican actividades de carga y levantamiento de peso, huellas de uso de remo y/o lanzamiento de estólica y arpón, al igual que alta movilidad residencial (Andrade et al., 2014; Ballester y Clarot, 2014).
Este modo de vida se ha consignado en fuentes históricas para los Changos donde se describe la movilidad de estos grupos a través de la pampa, para intercambiar productos.
A cambio de "pescado salado i seco, mariscos, cueros de lobos i de aves marinas, conchas grandes i pequellas, sartas de llancas i posiblemente algas comestibles (…) [recibían] maiz, frejoles i otros productos de la tierra; tejidos de lana, i mas tarde lana cruda o hilada, objetos de metal i piezas de alfareria pintada" (Latcham, 1910: 63).
Vertedero Municipal de Antofagasta: pescar y fumar en el pasado prehispánico
Pipas y tabletas para consumir alucinógenos componen parte del ajuar funerario de este cementerio descubierto en 2000.
Consumo de alucinógenos y prácticas fumatorias en la costa árida
Vainas de cebil molido y tabaco cimarrón eran consumidas por grupos que habitaron la zona en el período Formativo.
Vasijas cerámicas, puntas de proyectil, desconchadores y collares de cuentas forman parte del ajuar funerario.
Pipas de piedra y tabletas de madera forman parte del ajuar funerario de Vertedero Municipal de Antofagasta.