
La hipótesis que hasta hoy ha sido más convincente para explicar el buen estado de conservación del niño del Cerro El Plomo es la siguiente: durante los cinco siglos que su cuerpo estuvo enterrado en esa cámara excavada en el suelo congelado del cerro, habría sido sometido a un proceso de liofilización natural que consiste en la deshidratación realizada en condiciones especiales de temperatura y presión.
Esta liofilización permite que el cuerpo o elemento congelado pierda su agua sin intervención de altas temperaturas, lo que explica la mantención de sus propiedades químicas, físico-químicas y bioquímicas.
Actualmente, esta técnica es utilizada para la conservación de bacterias, cartílagos y huesos que serán posteriormente usados en trasplantes, alimentos perecibles, medicamentos, etc.
Este proceso explica por qué, pese a haber pasado bruscamente a un ambiente de mayor temperatura en el momento en que fue sacado de su enterratorio, no sufrió un descongelamiento ni un deterioro acelerado como hubiera ocurrido con un cadáver simplemente congelado.
En la actualidad, el cuerpo del Niño permanece aislado del público visitante, conservado en una cámara refrigerada, con una humedad relativa entre 42% y 45% y con una temperatura fluctuante entre -2° y -4° C.
Niño del cerro El Plomo: una valiosa pieza antropológica
Hace más de 500 años, el niño fue enterrado vivo a 5.400 metros de altura, como una ofrenda al dios inca Inti (Sol). Su cuerpo congelado es un testimonio visible de la antigua ceremonia de la Capacocha.