La esposa y hermana del historiador fundaron sociedades de beneficencia para socorrer a las familias de los combatientes.

Las mujeres de la elite participaron activamente en la Guerra del Pacífico, principalmente en labores de asistencia pública, beneficencia y confección de uniformes y estandartes.
De los historiadores liberales y contemporáneos al conflicto, Vicuña Mackenna fue el único que consignó la importancia del rol femenino. A partir del homenaje que escribió a su hermana Dolores, ensalzó a todas aquellas mujeres que contribuyeron a la atención de las viudas y huérfanos dejados por la guerra.
En sus artículos periodísticos describió y elogió el rol de las cantineras y camaradas que acompañaron a los soldados al campo de batalla, y que denominó "amazonas del ejército de Chile". Ejemplo de ello fue el escrito sobre Irene Morales publicado en El Nuevo Ferrocarril el 12 de agosto de 1880.
Desde el inicio del conflicto se hizo eco del llamado de la prensa que conminó a las mujeres de todos los estratos sociales a cumplir con su rol tradicional y demostrar su amor por la patria a través de la caridad, la confección de vestuario para los combatientes, y el socorro a niños y enfermos. A ellas las elogió largamente en el libro dedicado a su hermana:
"Las señoras de Santiago (…) colocáronse a la altura del más generoso patriotismo. Nosotros vímoslas en grupo, después de haber erigido costosos hospitales de sangre en diversos barrios de la ciudad, servir con sus propias manos a los heridos que nos devolvían las batallas, santas y sublimes mujeres, cuántas y cuan generosas habéis dado a los grandes egoístas" (Vicuña Mackenna, 1883:65)
Las mujeres de la elite también se destacaron por organizar eventos de beneficencia para recaudar dinero, colaborar en la creación de la Cruz Roja, y fundar numerosas sociedades protectoras a lo largo del país.
Entre ellas cabe mencionar a Dolores Vicuña, hermana del historiador, y Victoria Subercaseux, su esposa. Junto a Juana Ross de Edwards, Isidora Goyenechea y Rosa Aldunate, recibieron los elogios y honores del gobierno, y fueron incluidas en el proyecto de ley que presentó el senador para compensarlas por sus servicios a la guerra y el país, el cual nunca se discutió.
Ante el desamparo de los familiares y el abandono del gobierno, se fundaron numerosas sociedades con el fin de socorrer a las madres, viudas, hermanas e hijos de los soldados muertos.

La Sociedad Protectora de Santiago fue la primera de estas instituciones. Fundada a una semana de declarada la guerra, en su conformación y directorio participó activamente Victoria Subercaseux de Vicuña. Entre sus propósitos se encontraba:
En la casa del matrimonio Vicuña Subercaseaux se habilitó una oficina para atender a los soldados y sus parientes, y se puso a disposición de ellos la biblioteca del historiador, espacio que hoy forma parte de la construcción original que conserva el Museo. Según su nieto y biógrafo, debido a esta acogida familiar los soldados lo llamaron "el Padre, y algunos, con más criollismo y no menos corazón, (…) el Taita" (Orrego Vicuña, 1939: 218).
La Sociedad Protectora llegó a socorrer a 496 mujeres y 82 soldados. Al respecto, Vicuña Mackenna comentó que "el secreto de la simpatía pública, que ha rodeado a la Protectora i el de su éxito, ha consistido, a mi entender, en que se ha interpuesto entre el alma del pais i el alma del ejército, i esta corriente viva la nutre i la sostiene" (1880: XV-XVI).

En 1929, los sobrevivientes del conflicto entregaron a Victoria Subercaseux un pergamino con más de cincuenta firmas. En este documento que hoy forma parte de la exhibición permanente del Museo, expresaron sentirse "(…) profundamente conmovidos ante el generoso rasgo vuestro, que deja de manifiesto la sincera preocupación que sentís por la suerte de los Beneméritos de la Patria (…) Servíos aceptar, pues, noble señora, nuestra gratitud y los sentimientos de profunda consideración y respeto".
Dolores Vicuña de Morandé fundó y fue la primera presidenta de la Sociedad del Perpetuo Socorro, la cual tuvo como objetivo exclusivo auxiliar a las esposas de los combatientes, y a los hijos de éstos a través de instrucción en escuelas primarias.

Vicuña Mackenna escribió Dolores. Homenaje a la mujer chilena tras su muerte en 1882. En él elogió a las mujeres de espíritu caritativo, de quienes expresó: (…) "incalculables son los resultados de oportunidad, economía y buena distribución que así se obtienen, porque si alguien es capaz de realizar en este siglo de incredulidad, el milagro de cinco panes, es la mujer chilena y especialmente la mujer santiaguina" (1883:65).
En pleno conflicto, la figura del senador y su hermana se fortalecieron pues se les consideró aliados de los soldados en campaña. La muerte temprana de Dolores, a los 39 años, dio lugar a condolencias públicas en la prensa, y en su funeral las diversas ramas del Ejército le rindieron homenaje.
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