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edición especial de tributo

El 4 de octubre de 1903, a los 37 años de edad, murió el poeta Pedro Antonio González, quien fuera uno de los padres espirituales de muchos poetas jóvenes que participaron en la redacción de Pluma y Lápiz. Como tal, la revista y sus colaboradores le dedicaron una edición especial, en la cual se incluyeron poemas de González, artículos críticos sobre su obra, fotografías de su vida y de sus exequias, dibujos del poeta y otros escritos que hablaban de la relación de amistad y admiración que lo unía al resto de la redacción.

En ese número del 1º de noviembre de 1903, el director Marcial Cabrera Guerra declaró: «Al presentar su homenaje, Pluma y Lápiz no pretende con ello trazar el elojio lírico del Poeta. Eso será la obra múltiple de la presente i futuras jeneraciones literarias del país. Cada cual allegará su juicio, su concepto singular, su personal apreciación, hasta constituirse en definitiva, la consagración de este altísimo y jenial Poeta americano» («En memoria», Pluma y Lápiz (148:2), 1903).

Cabrera no solo contribuyó a difundir la obra de González en los círculos litearios, sino que también fue fundamental en la publicación de su primer libro titulado Ritmos. Al respecto, Julio Molina relata: «En una ocasión Guerrete divisó a un desconocido en uno de esos efímeros centros literarios de muchachos imberbes. Se acercó a hablar con aquel extraño, y pronto hubo de convencerse que no era lo que parecía. Descubrió que se las había con un artista retraído, asaz misántropo, que burilaba en silencio versos armoniosos, fogosos, relampaguentes... Aquel extraño era Pedro Antonio González. Si no le hubiera tendido su fraterna mano, ¡cuántos poemas hubieran permanecido para siempre envueltos en la sombra de lo inédito! Guerrette entró furtivamente a la buharda del poeta, recogió algunas hojas escritas, caídas de su tripódica mesa de trabajo y, publicándolas, llevó al bardo solitario los primeros aplausos de una jornada estruendosamente lírica» (Selva lírica, p. 411).